música y danza 

 
La música y la danza

 

El paraguayo es un ser eminentemente musical y favorece e influye en su creatividad, la naturaleza que lo rodea. Mburica’ó, Kaaty de José Asunción Flores; Alto Paraná y Canto de mi Selva de Herminio Giménez; Pájaro Campana de Mauricio Cardozo Ocampo, Recuerdo de Ypacaraí de Demetrio Ortiz, Cascada de Digno García, Ka’aguype (en la selva) de Florentín Giménez son obras magistrales que confirman este aserto a los que se suman hermosas creaciones, populares y cultas de la autoría de Agustín Barboza, Emigdio Ayala Báez, Juan Carlos Moreno González, Emilio Biggi, Juan Max Boettner, Remberto Giménez, Prudencio Giménez, Emiliano R. Fernández.

 

El paraguayo expresa sus sentimientos a través de la música. Su alegría se refleja en el ritmo permanente sincopado y vivaz de la polca paraguaya; su melancolía y nostalgia en la guarania, género musical creado en 1925 por José Asunción Flores y sus penas y lamentos en el purahei jahe’ó (canto triste).

 

Instrumentos tradicionales para la interpretación de la música folclórica paraguaya lo constituyen el arpa, introducida por los jesuitas en el siglo XVII, diatónica, con treinta y ocho cuerdas, en cuya ejecución se destacaron, entre muchos otros, Félix Pérez Cardozo, Digno García, Luís Bordón, Nicolás Caballero y la guitarra, que acompañaba ya a los conquistadores, cuyo máximo exponente y uno de los compositores más importantes de América, es Agustín Pio Barrios-Mangoré, destacándose entre sus cultores Sila Godoy, Felipe Sosa, Berta Rojas y otros tantos.

 

Estrechamente unida a la música folclórica está la danza, manifestación grupal cuyas dos vertientes provienen de las tradicionales europeas como el londón karape, la golondriana, el cielito y de otra, la autóctona, como las danzas de las galoperas y de la botella, conocidas mundialmente. Destaca en el baile tradicional paraguayo la armónica coreografía, la belleza de la vestimenta que incluye prendas que lucen delicados tejidos como el aho poi y el ñanduti.